Proceso de Interdicción: Justicia Social para nuestros seres queridos en estado vulnerable
Por: Alma Alonso Escala
La Interdicción es una figura propia del Derecho de Familia que, si bien no es de reciente data, su popularidad se ha propagado de hace unos años a la actualidad por múltiples razones.
Básicamente trata de que se declare una persona como interdicta o sin capacidad legal como consecuencia una enajenación mental o de una discapacidad cuya minusvalía le impida una independencia física u ocupacional, limitando así su autosuficiencia económica.
Durante el proceso resulta trascendental probar, a través de las evidencias fehacientes, que el posible interdicto padece de una enajenación mental y que como producto de dicha afectación pueda causar perjuicios a otros o a sí mismo. Para ello, regularmente acudimos a los profesionales de la salud mental que puedan dar no solo un diagnóstico sino una etiología y hasta la prognosis del padecimiento, así como el adecuado tratamiento para el paciente.
Sin embargo; la ley indica que aun con las evidencias medicas aportadas durante el proceso, se hacen necesarios una serie de mecanismos garantistas del posible interdicto, a fin de brindar una certeza al momento de tomar una decisión acerca de la capacidad legal de una persona y con ello el otorgarle la administración de sus bienes a un tercero, su tutor.
De igual forma, tal y como la ley prevé, si la demanda se funda en una supuesta enajenación mental, el Juez interrogará al posible interdicto, a excepción de que se encuentre en un hospital o sala psiquiátrica. Lo importante, entre tantos aspectos, es evitar que quien se encuentre en buen estado mental sea vulnerado por aquellos que tengan intenciones contrarias a la nobleza de este proceso.
Los procesos de interdicción son muy comunes en adultos mayores, sordomudos o cualquier persona que padezca de una condición que se considere pueda representar un riesgo para sí o para un tercero.
El deterioro cognitivo, así como otras afectaciones de las que se sabe son progresivas, es una realidad con la que debemos vivir, preparar y atender a los nuestros y hasta a nosotros mismos.
Justicia Social
Detrás de mucho procesos de interdicción existen historias de amor, gratitud y perseverancia. El compromiso de querer retribuir los cuidados a quienes nos atendieron durante la niñez o en el transcurso de nuestras vidas se traduce en la justicia social que aborda este artículo.
El hacernos cargo de nuestros seres queridos en momentos de vulnerabilidad nos permite honrar con nostalgia y respeto a quienes fueron determinantes en nuestras vidas y desarrollo. Pero también nos permite dar una lección de vida a quienes vienen después de nosotros, los mas jóvenes, enseñando a través del ejemplo que podemos ser una sociedad que hace justicia social y no descarta a quienes su productividad se fue menguando con el transcurrir del tiempo.
Los procesos de interdicción en Panamá no son solo un conjunto de leyes; son la manifestación de nuestro compromiso colectivo con la protección de los más vulnerables.
La verdadera justicia social es el legado que dejamos para las generaciones venideras.